Las referencias en el documento científico
El correcto uso, pero también la
correcta comprensión de las referencias es, en mi caso personal como
investigadora, una cuestión de una importancia mayúscula. Es más, me atrevería
a decir que la utilización de las mismas es una de las variables más complejas
de la tarea científica, así como de la presentación de los resultados, especialmente
en el campo de las ciencias humanas y sociales. En mi caso particular, me está exigiendo
un esfuerzo muy disciplinado -y prolongado- de cara a la redacción de la tesis.
Podría decirse que el rigor de mi argumentación científica radicaría prácticamente
en la exhaustiva descripción de las fuentes que he utilizado para elaborar mi disertación,
algo que hace todavía más exigente el de por sí ya exigente trabajo de redacción.
Dicho esto, realicemos el análisis
que se nos pide en esta Tarea 4. El artículo científico que he seleccionado
para la realización de dicho análisis es el artículo Para una ontología
política de la fluidez social: el desbordamiento de los constructivismos, de
Fernando García Selgas [1].
Así, se puede decir que, en este artículo, aparecen 40 referencias bibliográficas
distintas. Están organizadas alfabéticamente al final del artículo, pero también
aparecen, entre paréntesis, en forma de cita, a lo largo del texto, con una
media aproximada de unas cuatro citas por página.
En mi opinión, la existencia de
estas referencias queda justificada por la necesidad, por un lado, de aclarar
ciertos conceptos, ideas o procesos con una carga filosófica e histórica significativa
(algo que es importante reseñar en las disciplinas de las denominadas “ciencias
blandas”) y, por otro, por la necesidad de justificar el discurso del propio autor,
compuesto por argumentos complejos y multivariantes, a partir de la legitimidad
y el rigor que aportan los argumentos de teóricos sociales de primera línea.
Como los artículos más
característicos del ámbito de las ciencias humanas y sociales no suelen seguir
de forma demasiado estricta el esquema IMRAD, en mi disciplina es común añadir
una sección específica para la presentación de las referencias bibliográficas,
especialmente en la actualidad, donde el tipo de referencias se ha
diversificado ostensiblemente, pareciendo importante detallar el origen específico
de cada fuente. En este sentido, cabe desatacar que la cantidad de bibliografía
que se maneja en el campo en el que yo investigo es tal, que, aunque en este
artículo no haya sido así, en múltiples ocasiones las referencias aparecen
expuestas dentro de un anexo específico.
En el artículo aquí seleccionado las
referencias, como tales, se indican en una sección propia al final del mismo,
si bien aparecen de forma transversal, en forma de cita, a lo largo de todos
los apartados del texto.
[1]
García Selgas, F. R. (2003) «Para una ontología política de la
fluidez social: el desbordamiento de los constructivismos».
En Política y Sociedad, 2003. Vol. 40 Número 1: 27-55.

En relación con comentarios de las tareas anteriores me ha llamado la atención tu frase " Podría decirse que el rigor de mi argumentación científica radicaría prácticamente en la exhaustiva descripción de las fuentes que he utilizado para elaborar mi disertación..." ¿Poner oreferencias o no ponerlas hace un enunciado más verdadero? En mi opinión (de ciencias duras) no. Lo hace más académico, más aceptable para su socialización entre la comunidad de personas que se dedican a ese estudio, pero no le aporta un gramo de certeza. La ley de la gravitación describirá igual de bien las órbitas celestes se escriba en un texto con las referencias bien puestas o sin ellas.
ResponderEliminarEn las ciencias duras, descubrir cosas es un trabajo y contarlas es otro muy distinto. No sé si en oreas más discursivas es tan fácil separar...
Creo que, una vez más, he mediado la reflexión desde una posición demasiado marcada por mi propia experiencia. Creo que eso no está muy bien...
EliminarSin embargo, sí que quiero discutir (también en el sentido sajón de la palabra...) que poner referencias o no ponerlas no hace un enunciado más verdadero, pero lo hace más legítimo y eso, en ciencias sociales, es casi más importante que la veracidad del hecho en sí. No sé cuánto de veraz es que "el sentimiento nacional sirve a los actores sociales para articular el sentido de su identidad como sujetos". ¿Esto es así? ¿Es verdad? Pues depende, pero no por eso deja de suceder y de ser un hecho social digno (sociológicamente hablando) de contar. La verdad es que el concepto de verdad es poco ilustrativo en la actividad científica sociológica, que tiene que mediar tanto con lo simbólico. Imagino que por eso estamos como estamos.
En este sentido, no es tan importante que un hecho social sea verdadero tanto como que sea funcional, socialmente hablando, que ofrezca sentido a los individuos a los que articula, lo que, supongo y como tú bien dices, dificulta un poco la tarea de discernir entre el fondo y la forma. Lo que quería decir con esa frase que ha llamado tu atención es que, para que la descripción de ese hecho adquiera legitimidad científica, ha de ser respaldado por muchos otros, que en otros momentos y escenarios han observado, medido y dicho lo mismo.
En sociología, al menos, las realidades que no son narradas con precisión (y la precisión no solo está en escoger las palabras adecuadas, sino en escoger aquellas palabras cuya carga semántica queda respaldada a partir de una análisis comparado, un diálogo dentro de sus posible variantes) no son nada . Si yo, Irantzu Monteano, veo con cierta sagacidad y además digo bien que "la familia es una institución social disfuncional que funciona" aunque me respalde en una investigación cuantitativa de cierto calado, pero nadie más ha dicho o insinuado algo semejante con anterioridad, de nada sirve que mi intuición científica sea muy fina o sea "verdad".