La divulgación
como actividad científica
Efectivamente hay redes sociales
específicas de científicos, tales como Researchgate, aunque realmente yo
no hago uso de ninguna de ellas. No podría especificar una razón que sostuviera
por qué no tengo un perfil propio, porque la verdad es que, a nivel personal,
soy bastante defensora de la divulgación científica, y creo que establecer
redes menos rígidas en torno a la actividad científica es positivo prácticamente
desde todas sus vertientes, desde el impulso de procesos de difusión de nuevas
líneas, productos o publicaciones hasta la propia democratización del
conocimiento como un derecho de todos y de todas, no solo de ciertas élites científicas.
Como bien se apuntaba en la entrada de presentación de esta tarea, la divulgación
es una obligación moral, y en el sentido de que dicha consigna me parece muy
acertada, poner el conocimiento, pero también sus procesos de generación y
maduración al servicio de cuanta más gente mejor, me parece una vía deseable para
la construcción de una sociedad más igualitaria, democrática y reflexiva, más
bien al servicio del bien común que de ciertos intereses particulares y políticos.
En este sentido, parece sensato
que, en el pasado, efectivamente, haya dedicado parte de mi tiempo a la divulgación.
Participaba en una revista de contenidos generales y me encargaba de llenar una
sección que trataba la historia de las mujeres desde una visión alternativa: rescatando
protagonistas femeninas cuya contribución a la historia del desarrollo de las
artes y la literatura era en cierto modo reseñable y que, sin embargo, no aparecían
apenas en los libros generalistas de historia. Era una actividad enriquecedora,
por un lado, porque me servía para hacer llegar ciertos conocimientos muy
específicos a un público más general y generar curiosidad e interés por ámbito
poco representados socialmente. Y, por otro, porque creo que cuando un
investigador trata de trasmitir conceptos y realidades complejas a través de un
lenguaje más llano, el sentido del conocimiento también se allana, y esto es
bueno tanto para el conocimiento como para el investigador.
Insisto, por lo tanto, en que la
divulgación es una rama que me gusta mucho, casi más que la comunicación científica
formal, quizá por carácter y disposiciones personales, pero, sobre todo, porque
considero que la experiencia divulgativa es una parte significativa de la experiencia
docente, especialmente de la extra-universitaria, experiencia que me parece que
ha de enriquecerse con el mayor número de contenidos divulgativos que puedan
engrosar el valor del currículo formal. Creo que eso sería bueno para todos los
agentes del ámbito de la educación y la socialización, y, esto, en general,
como sociedad, es bueno para todos y todas.
Además, y con esto termino,
quisiera resaltar en esta entrada que, desde una mirada propia de mi
disciplina, la sociología, me parece muy interesante aplicar las medidas, los
métodos y el propio relato de la actividad divulgativa, ya que a todo el mundo
le gusta analizar y discutir sobre la sociedad en la que vive, de modo que, la
posibilidad de ofrecer herramientas más reflexivas que contribuyan al análisis
de los procesos sociales desde una perspectiva más rigurosa, pero también más
crítica, podría ser muy enriquecedor a nivel epistemológico, pero también a
nivel psico-social y por qué no, también ético. En ese sentido, soy bastante tendente
a defender una sociología más divulgativa que científica, pues considero que “popularizar”
cierto contenido ayudaría muchísimo a promover un pensamiento más crítico acerca
de algunos lugares de nuestra realidad social.

Además de todo lo que dices, pensar en cómo transmitir un mensaje complejo a alguien que carce de base, un lego, ayuda mucho a clarificar las propias ideas. Creo que la divulgación ayuda a hacer mejor ciencia. Pero esto no pasa de conjetura ;-)
ResponderEliminarTotalmente de acuerdo. La divulgación ayuda a hacer mejor ciencia, y a comprenderla -y quererla- mejor. :)
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